• Ps. Jazmin Braga, Ps. Jorge Guridi, Ps. María Pía Napoleoni

El símbolo en la psicología analítica y su relación con el inconsciente.

Sueño con serpientes, con serpientes de mar, con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.

Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan lo que puedan arrebatarle al amor la mato y aparece una mayor... con mucho más infierno en digestión.

(S. Rodríguez)



I. Introducción: La llamada.


Nos movió la inquietud y curiosidad de comprender más acerca del símbolo y su relación con el inconsciente desde la perspectiva de Jung. Sabemos que el magíster tiene una visión simbólica, y nos nació, y llamó, conocer más, tener más cercanía con éste, que ya sospechábamos que no sólo era un concepto accesorio para nuestro autor.

Para nosotros ha sido un grato y hermoso proceso el ir contemplando su significado inagotable, siempre vivo. Nos hemos llevado sorpresas, pero también la sensación de que todo lo que leíamos nos llevaba a algo común, a un centro. Fue así, como poco a poco, fuimos tocados por el símbolo en sí. Veíamos como cada texto, cada cita agregada en el borrador, sin ser algo intencionado, comenzaba a hablar de algo parecido y al mismo tiempo ampliaba lo observado y comenzamos a sentir esto que Jung describía al hacer mandalas. Algo que a veces parece dar vueltas, pero es una dirección que siempre avanza pero al mismo tiempo retorna al origen.


II. Comenzando el mandala.


Al aproximarnos de a poco a la noción de símbolo y su relación con la comprensión del inconsciente desde la psicología analítica, surge la necesidad de comenzar distinguiendo lo singular de la visión del inconsciente de Jung y diferenciarla de la visión freudiana. Al respecto, tomamos lo expuesto por Jung en su libro Dinámica de lo Inconsciente (2004). La diferencia que existe entre la cosmovisión del psicoanálisis y la psicología analítica, estaría en que el psicoanálisis consta de una técnica que lo que busca es poder reconducir a la consciencia los elementos que quedaron reprimidos en el inconsciente. Esta técnica sería un método terapéutico que busca tratar y curar positivamente la neurosis. Según esta mirada la neurosis se produciría por contenidos incompatibles que se reprimen de la consciencia y son convertidos en inconscientes “por una especie de resentimiento moral basado en las influencias de la educación” (Jung, 2004, p. 365). Desde estos conceptos, se pudiera entender que el psicoanálisis ve al inconsciente como un receptáculo en el cual se almacenan todos estos “elementos molestos para la consciencia” (Jung, 2004, p. 365). Por el contrario, Jung (2004) dice que sólo por el hecho de que existan estos elementos que provienen del inconsciente no se podría negar el carácter creativo de éste y que por lo tanto no solo sería el lugar desde donde emergen estos elementos sino quien además produce de forma creativa contenido nuevo. Jung (2004) concluye que Freud se enfoca en el primer aspecto antes nombrado mientras que él, desde su propia cosmovisión, sin negar lo primero, creía que principalmente era este segundo aspecto (inconsciente productivo) lo que destacaba.

Este inconsciente productivo que nos muestra Jung está en diálogo permanente con el consciente, por tanto el foco no es como para Freud sólo volver consciente lo inconsciente; sino más bien, el foco estaría en una actitud dialógica entre estas dos dimensiones de la psique humana.

También hay diferencias en cómo estos dos autores entendieron los símbolos en la psique humana, al respecto Salman (1999) plantea “Freud entendió la función de la formación de símbolos como una protección frente a intensos deseos infantiles inconscientes. Jung por su parte , consideró que el objetivo de un símbolo era transformar la líbido de un nivel a otro, señalando el camino para futuros desarrollos. Los símbolos son como entes vivos plenos de significado y capaces de actuar como transformadores de energía psíquica” ( Salman, 1999 ,p. 119) Esto se traduce en que la gran expresión de la transformación de la energía psíquica, es el símbolo, y tiene la propiedad de ser siempre algo nuevo, y que además, tiene una característica productiva para la vida de la persona.


III. Aproximaciones a la noción de símbolo.


En varios de sus textos Jung (1995, 2013) plantea que para aproximarse al entendimiento del símbolo es importante distinguir entre las nociones de signo y símbolo, denotando que “una palabra o imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio” (Jung, 1995, p. 21); por tanto, a diferencia del signo que refiere a un significado específico que desea transmitir; el símbolo refiere a algo que no termina de ser expresado en palabras y que trasciende un significado específico, conteniendo en sí un campo de posibilidades que nunca están explicadas con precisión, transformándose de alguna manera en un símbolo vivo y dinámico. En palabras de Jung “Un símbolo presupone siempre que la expresión escogida es la mejor designación o formulación posible de un hecho relativamente desconocido, pero del que se sabe o postula que existe” (Jung, 2013, p. 495)

Jung (2013) plantea que los símbolos son de naturaleza compleja, integrando datos procedentes de todas las funciones psíquicas, señalando que no son enteramente racionales ni irracionales. Y continúa diciendo (2013) que serían espontáneos y naturales, surgiendo de la mutua cooperación entre el inconsciente y el consciente, tomando distintas formas de acuerdo a la actitud simbólica de la consciencia observadora; pueden expresarse en sueños, fantasías pero también en otras manifestaciones psíquicas como pensamientos, sentimientos y actos simbólicos.

Hay símbolos individuales, pero también colectivos, los que tienden a expresar imágenes religiosas, que surgen como expresión de representaciones colectivas respecto de la relación con lo trascendente

Esto nos lleva a reflexionar sobre la amplitud de significado de símbolo. Incluso podríamos ir más allá, y concluir que el símbolo no tiene un significado fijo, por lo tanto, tampoco tiene un significado bueno o malo, ya que es de carácter subjetivo. Además, posee la característica de que es un transformador de energía psíquica, por lo que es posible decir que el símbolo siempre es un “símbolo vivo”. Si es un símbolo vivo, cambia, y no posee parámetros que lo limiten en este sentido.

El símbolo sólo está vivo mientras está preñado de significado. En el momento en que ha dado a luz su significado, es decir, en que se ha encontrado esa expresión que formula la cosa buscada, esperada o adivinada mejor que el símbolo hasta aquí empleado para simbolozarla, éste pasa a estar muerto” (Jung, 2013, p. 496)


IV. Energética tras el símbolo.


La libido está repartida de manera natural por los distintos sistemas funcionales, a los cuales no puede sustraerse por completo. En estas funciones la libido está investida como fuerza específica en invariable de las mismas. Sólo cuando el símbolo predomina sobre la naturaleza es posible transferir la libido a otras formas. (Jung, 2004, p. 91)

Comprendiendo la naturaleza psíquica antes descrita, Jung (2013) comenta que el símbolo nace desde la confrontación de la espiritualidad suprema y de los impulsos más primitivos e inferiores. Por tanto, se observa el planteamiento de una tesis, por un lado, y antítesis por el otro. Ambas, contraponen, y el Yo participa en la elaboración de un sentido a partir de ellas.

Distingue en el movimiento natural de la psique lo que denominó función trascendente, caracterizada por un movimiento energético de regulación de la psique en el que se encuentran dos opuestos, es decir , dos aspectos aparentemente irreconciliables o incompatibles, que a su vez , siempre permite la elaboración o nacimiento de un símbolo, expresión del inconsciente en la conciencia siempre como algo nuevo. La función simbólica, se vincula con la característica de la psique, que posee dicha función simbólica.

Tenemos pues, motivos más que suficientes para apreciar la formación simbólica y para valorar el símbolo como un medio inestimable que nos brinda la posibilidad de aprovechar el desarrollo meramente instintivo del proceso energético en pro de un rendimiento efectivo (Jung, 2004, p. 48).

Al producirse una equivalencia entre los dos contrarios, a consecuencia de la participación del Yo en este proceso, Jung propone que nuevamente se produce:

Tregua de la voluntad, ya que no puede quererse, pues todo motivo tiene a su lado un motivo contrario igualmente fuerte. Desde el momento en que la vida no admite treguas, sobreviene un estancamiento de la energía vital que traería consigo una situación insostenible si de la tensión contrapuesta no surgiera una función unificadora por encima de los contrastes (Jung, 1985, p. 288).

Y al respecto, también se señala: “Merced a esta peculiaridad, el símbolo puede informar acerca de procesos correspondientes a la totalidad de lo psíquico y tanto expresar los fenómenos psíquicos más contrarios y complejos como también influir sobre ellos” (Jacobi, 1963, p. 149)

De acuerdo a lo anteriormente planteado, el símbolo tiene una función compensatoria. Según lo revisado en el texto Tipos Psicológicos, Jung (2013) explica que a diferencia de lo expuesto por Adler; quien define y explica la función de compensación como una “construcción auxiliar” ante una inferioridad orgánica del sujeto. Jung cuenta que para él esta función se extiende más allá de solo una respuesta al sentimiento de inferioridad, si no que esta función tendría un valor de compensación general al sistema psíquico y llevándolo al terreno fisiológico este sería equivalente a la autogestión o autorregulación del organismo. Además explica que él comprende la actividad del inconsciente como una “compensación a la unilateralidad comunicada a la actitud general por la función consciente” (Jung, 2013, p. 468). A lo último mencionado, Jung explica que esto se debe a que la actividad de la consciencia es selectiva, hace alusión a la vista como caracterización de la consciencia donde solo es capaz de integrar tanto como lo permita su campo de visión. “Y la selección requiere un rumbo. Pero éste exige a su vez la exclusión de todo lo extrínseco” (Jung, 2013, p. 468 ), y que esto sería lo que genera que la orientación del consciente sea relativamente unilateral. Ante este rumbo unilateral el material que no es seleccionado y queda fuera se va acomulando en el inconsciente hasta llegar a un punto en el que genera una tensión considerable, el cual se expresa de diversas maneras e intensidad dependiendo del nivel de la unilateralidad del consciente.


V. Dimensión Arquetípica del símbolo.


M. Stein (2004), en El Mapa del Alma según C.G.Jung, plantea que los símbolos emergen de la de la base arquetípica de la personalidad, es decir, del inconsciente colectivo; operando como grandes organizadores de la líbido. Al respecto Salman (sin año) plantea: “los símbolos hablan el idioma arquetípico por excelencia. Se originan en el estrato mágico arcaico de la psique, donde pueden ser en potencia, curativos, destructivos o proféticos. Las imágenes simbólicas son auténticos transformadores de la energía psíquica porque una imagen simbólica evoca la totalidad del arquetipo reflejado” (Salman, 1999, p. 119)

El Self siempre se hace presente en el nacimiento de un símbolo, es de él que proviene el símbolo, como centro arquetípico del inconsciente colectivo. Esto se puede apreciar en las siguientes citas:

La tarea del Sí mismo parece ser la de mantener la integridad del sistema psíquico y mantener su equilibrio. La meta es la unidad. Esta unidad no es estática sino dinámica. La influencia del Sí mismo sobre la psique como un todo se refleja en la influencia del Yo sobre la consciencia. Al igual que el Sí mismo el Yo también como función el centrar, ordenar y unificar, y su meta es la de equilibrar e integrar funciones en la medida de lo posible, dada la existencia de los complejos y las defensas. (Stein, 2004, p. 211).

No podemos inventar símbolos; cada vez que se presentan, no han sido producidos por la intención consciente y por la selección voluntaria; con ese procedimiento sólo se obtienen signos de abreviaturas de pensamientos conscientes. Los símbolos nos ocurren espontáneamente, como podemos ver en nuestros sueños, que no los inventamos, sino que suceden. (Jung, 2009, p. 182)

Así mismo, el símbolo al tener un origen arquetípico no sólo apunta a un aspecto puntual, sino también a la totalidad. Esto se puede observar, en la siguiente cita:

Por este motivo es precisamente necesario valorar e interpretar cada símbolo colectivamente de una parte, y de otra individualmente, si se quiere juzgar con imparcialidad en cada caso su significación positiva. <<Las imágenes mitológicas jamás aparecen aisladas, sino que pertenecen originariamente a una relación objetiva y otra subjetiva, a la relación interna de lo producido y a la de su relación con lo que produce>>. (Jacobi, 1963, p. 148)


VI. Actitud Simbólica


En cuanto al símbolo y su relación con la consciencia, podemos darnos cuenta de que el símbolo puede tener una cualidad creativa, como también destructiva, y que el Yo como centro de la consciencia está encargado de realizar el trabajo de integrarlo a ella. Si es así, no sólo amplia consciencia, sino también crea en la realidad, en el que hacer de la vida externa - e interna - algo nuevo, algo que colabora en el mundo. Sobre esto se señala en Tipos Psicológicos:

Lo que la exhibición Spitteleriana de contenidos religiosos inconscientes hace que se reconozca antes que ninguna otra cosa es el símbolo de la renovación de Dios, del que su posterior Primavera Olímpica ofrece luego un tratamiento más extenso. Este símbolo aparece estrechísimamente vinculado con la oposición tipológica y funcional, y constituye evidentemente una tentativa de solución en la que se apuesta por una renovación de Dios. (Jung, 2013, p. 200)

Cuando hablamos de esta capacidad de crear de parte del símbolo podemos ver que internamente provoca cambios, ésta nos puede incluso hablar de nuestros proceso, ya que “la imagen expresa que se ha producido un cambio de actitud energética, una nueva vía para la manifestación de la vida y la regeneración de su fecundidad.” (Jung, 2013, p. 201), dando cuenta no solo del símbolo como material inconsciente sino de facilitar por sí mismo ese proceso a quien le presta atención y busca integrarlo.

Esto entonces, también nos habla de la actitud simbólica, actitud de vida, de manifestación de ella, que se expresa en la creatividad que finalmente es la expresión de Dios en nosotros. Además, recalca la actitud de apertura hacia la realidad y vida psíquica.

Por otro lado, también es importante señalar que si lo trasladamos al contexto relacional, el psicoterapéutico por ejemplo, un símbolo se “manifiesta espontáneamente a sí mismo, en un efecto simbólico en el sujeto / respectivo” (Jung citado en Hubback, 1974, p. 5) y la actitud simbólica del terapeuta, siguiendo a Jung: “es la emergencia de una visión definitiva de la vida, dotando al acontecimiento, tanto grande o pequeño, con un significado al cual se le asigna un valor más profundo que la pura actualidad” (Jung en Hubback, 1974, p. 5).

Es decir, en palabras de Jung

Un símbolo sólo está vivo cuando el observador descubre a la vez en él la mejor y más viable expresión posible de lo que en su fuero interno no es aún más que un mero presentimiento de una cosa todavía desconocida. En tales circunstancias el observador se siente inconscientemente llamado por el símbolo a participar, y éste tiene el efecto de comunicarle nueva vida y reactivar la que hasta ahora le animaba (Jung, 2013, p.499).

Además, cabe señalar que cuando se manifiesta el fenómeno del símbolo, frente a este contenido de vital importancia, el Yo no puede permanecer pasivo y un aspecto importante de esto es que para poder observar este mismo, la persona debe tener capacidad de diferenciar entre el consciente y el contenido inconsciente, ya que según lo relatado por Jung en recuerdo sueños y pensamientos;

A éste hay que aislarlo, por así decirlo, y ello se logra más fácilmente si se personifica y luego se le pone en contacto con la consciencia. Sólo de este modo se puede arrebatarle el poder, que, de lo contrario, se ejerce sobre la consciencia. Dado que los temas del inconsciente poseen un cierto grado de autonomía, esta técnica no presenta dificultades especiales. Es algo distinto intimar con el hecho de la autonomía de los temas inconscientes. Y precisamente aquí reside la posibilidad de entrar en relación con el inconsciente (Jung, 1964/2003, p. 222 ).


De esta forma se puede observar dos cosas; el símbolo, de no ser tomado por la consciencia e incorporado desde la consciencia, podría provocar lo contrario y que fuera el símbolo quien tome control sobre el consciente. Además, se puede observar que los elementos inconscientes al tener esta característica autónoma pueden brindar elementos e información que el sujeto no necesariamente conoce o maneja. Así, según lo descrito, se puede concluir que para integrar el símbolo es importante el carácter relacional, ya sea con la personificación del inconsciente como con otro.

Este carácter autónomo se puede ver en la siguiente cita del mismo libro:


Filemón y otras figuras de la fantasía me llevaron al convencimiento de que existen otras cosas en el alma que no hago yo, sino que ocurren por sí mismas y tienen su propia vida. Filemón representaba una fuerza que no era yo. Tuve con él conversaciones imaginarias y él hablaba de cosas que yo no había imaginado saberlas. Me di cuenta de que era él quien hablaba, y no yo. Él me explicaba que yo me comportaba con mis ideas como si las hubiera creado yo mismo, mientras que, en su opinión, estas ideas poseían su propia vida como los animales en el bosque o los hombres en una habitación, o los pájaros en el aire: «Si ves hombres en una habitación, no se te ocurriría decir que los has hecho o que eres responsable de ellos», me explicó. Así iba yo familiarizando paulatinamente con la objetividad psíquica, la «realidad del alma» (Jung, 1964/ 2003, p. 218).

De esta manera, da cuenta de que no sólo el contenido es autónomo si no que a su vez la personificación adquiere cierta autonomía al igual que los otros elementos del inconsciente. Actúa como facilitador del contenido para el consciente y logra traer aquello que es desconocido para él Yo, desde el inconsciente primitivo al consciente.

En el caso contrario, cuando el Yo no se hace responsable de la integración del material inconsciente, puede tener efectos perjudiciales en el funcionamiento psíquico como lo narrado a continuación:

Dado que la psique es un aparato autorregulador, como el cuerpo vivo, lo inconsciente tiene siempre preparado el correspondiente contra efecto regulador. Si no existiera la direccionalidad de la función consciente podrían entrometerse sin más las influencias opuestas de lo inconsciente. Pero es precisamente la direccionalidad la que las excluye, aunque naturalmente no anula el contra efecto, que se produce de todos modos. La influencia reguladora del contra efecto es ilimitada, sin embargo, por la tensión crítica y por una voluntad consciente de su propósito, ya que el contra efecto como tal no parece encajar en la direccionalidad consciente. En ese sentido la psique del hombre civilizado ya no es un aparato autorregulador, sino algo comparable a una máquina cuya regulación automática de la velocidad es, por una parte, tan insensible que puede continuar su actividad hasta perjudicarse a sí misma, y por otra, está sometida a la intromisión de una arbitrariedad unilateral.” (Jung, 2004, pp. 82-83)


En este sentido, podemos reflexionar que la consciencia al integrar el símbolo conlleva una dirección hacia la unidad, es decir, la actitud simbólica. Esta actitud antes mencionada va marcando un camino desde el cual va generando una completitud y equilibrio en la psique como organismo total. Y aquello que marca ese sentido, se puede comprender como el Sí mismo: el arquetipo central del inconsciente y a la vez la totalidad, que puede llegar a ser un misterio, a ser Dios en nuestra vida, y que a su vez se hace presente en el símbolo al ser llamado por Jung como el símbolo unificador (2013), que regula la energía y vida psíquica. Al respecto se señala:


Como regente de todo el gobierno psíquico se encuentra el Sí mismo, la autoridad suprema y el más alto valor: << unidad y totalidad se sitúan en el nivel más alto de la escala objetiva de valores pues sus símbolos ya no se pueden diferenciar de la Imago Dei.>> Jung sostiene que cada uno de nosotros lleva dentro de sí la imagen de Dios: la marca del Sí mismo. (Jung en Stein, 2004, pp. 210)

Se podría decir que el símbolo es el mensaje del Dios en nosotros.



VI. Conclusión: Completando el mandala.

El símbolo necesita ser mirado y percibido más allá de lo aparente, de lo visible como una forma de aproximarse a la realidad desde una perspectiva llena de sentido que va más allá de la lógica o la razón. De hecho si lo hacemos, si intentamos comprender al símbolo desde ahí, este muere, porque su significación está viva mientras pueda develar de la mejor manera lo que no puede ser develado de otra forma (Saiz, 2012), y esto implica que nos conmueva, que nos transforme o que nos llegue en algún sentido. Para que esto ocurra nuestro Yo consciente debe estar disponible y permeable a este material desde la actitud simbólica ya que de no ser así este no llega ni impacta de la forma adecuada.

En la psicología analítica de Jung la vía de expresión y comprensión de la psique es a través del símbolo. Es así, como el Proceso de Individuación es un camino simbólico que recorre el héroe o heroína al aceptar el llamado y emprender el camino de desarrollo psíquico. Otra comprensión de la vía de individuación es el viaje mítico.





VII. Referencias:


- Hubback, J. (1974). Technique in Junguian Analysis. William Heinemann medical books ltd.

- Jacobi Y. (1963). La Psicología de C. G. Jung. Ed. Espasa-Calpe.

- Jung, C. G. (1964/2003). Recuerdos, Sueños y Pensamientos. Ed. Seix Barral.

- Jung, C. G. (1985/1994). Tipos Psicológicos. Ed. Paidós

- Jung, C. G. (1995) El Hombre y Sus Símbolos. Ed. Paidós.

- Jung, C. G. (2013). Obras Completas V. 6 Tipos Psicológicos. Ed. Trotta

- Jung, C. G. (2004). Obras Completas. V.8. La Dinámica De Lo Inconsciente. Ed. Trotta.

- Jung, C.G. (2009) Obras Completas V. 18 La Vida Simbólica. Ed. Trotta.

- Saiz, M. (2012). El Viaje Mítico: La Búsqueda del Héroe desde los Mitos Griegos. Seminario-taller coordinado por Comité Académico, Grupo de Desarrollo C. G. Jung Chile.

- Salman, S. (1999). La psique creativa: principales aportaciones de Jung. En P. &. Young, Introducción a Jung. Madrid: Cambridge University Press, Sucursal en España.

- Stein, M. (2004). El Mapa del Alma Según C.G. Jung. Ed. Luciérnaga







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