• Ps. María Pía Napoleoni

Consideraciones sobre el papel del Arquetipo materno en el proceso de individuación de la mujer.





A continuación, se abordará el papel que desempeña el arquetipo materno en el proceso de individuación de la mujer, con aportes de la teoría de Jung, Neumann, Byington y con la contribución de Annis Pratt.


Es importante comenzar con la comprensión de lo que es el proceso de individuación, que se refiere en pocas palabras al proceso de desarrollo e integración de la totalidad psíquica que nos lleva a diferenciarnos psicológicamente y ser quienes somos realmente. Al respecto Jung señala:


En general, es el proceso por el que se constituye y singulariza el individuo, y en particular el proceso por el que se desarrolla el individuo psicológico como una entidad diferente de lo general, de la psicología colectiva. La individuación es, por ello, un proceso de diferenciación, cuya meta es el desarrollo de la personalidad individual (Jung, 2013, p. 460).


Para comprender este proceso de desarrollo psicológico, diversos autores, junguianos clásicos y post junguianos, han propuesto teorías que nos hablan principalmente de la relación del yo - como centro de la consciencia - y el Self - como centro del inconsciente – como base del desarrollo psíquico y de cómo están en constante diálogo y retorno de éste a lo largo de la vida, incluso en los primeros inicios de su formación.


De esta forma, Neumann, postula que existe desde el comienzo de la vida información arquetípica, pre configurada, que viene en nosotros y que, al activarse por la vivencia con nuestros padres o cuidadores tempranos, despliega patrones de comportamiento que se relacionan con el desarrollo de nuestra psique. Al respecto señala: “El individuo debe, en su vida, seguir la pista que la humanidad ha seguido antes de él y cuyo precipitado [se encuentra] en la sucesión arquetípica de imágenes de la mitología” (Sassenfeld, 2012, p. 108) y que Sassenfeld al respecto, explica: “existe una secuencia coherente y arquetípica, configurada con anterioridad y que se manifiesta durante el desarrollo y maduración implicado en el desarrollo del organismo humano” (Sassenfeld, 2012, p. 109). Es decir, mencionan que existe información que influye y moldea, por decirlo de algún modo, nuestro desarrollo psíquico, que es común a la humanidad en sus distintas épocas y culturas, presentes, por ejemplo, en los mitos. Sin embargo, también Neumann menciona que contiene un aspecto individual: “Un autodespliegue dinámico de la estructura psíquica, que domina la historia de la humanidad y la historia individual” (Sassenfeld, 2012, p. 109) lo que Sassenfeld (2012) explica que se debe comprender el establecimiento de una relación entre una visión ideal universal del desarrollo de la consciencia con manifestaciones socioculturales específicas.


Volviendo a la relación del yo o ego con el Self, cabe señalar que Neumann en 1959 la llamó eje ego- Sí mismo, que posee una cualidad bidireccional de diálogo y que aparece como un aspecto fundamental estructurante interno de la psique (Sassenfeld, 2012). Gracias a este eje se producen cambios y procesos en el desarrollo de la totalidad psíquica. Tal como lo señala Sassenfeld acerca de la teoría de Neumann:


Los procesos de interacción entre los dos sistemas psicológicos de la consciencia y del inconsciente y entre sus dos respectivos centros también transcurren en el contexto del eje ego-Sí mismo; pueden, incluso, ser descritos metafóricamente como alejamientos o acercamientos entre los dos polos del eje (Sassenfeld, 2012, p. 111).


También menciona (Sassenfeld, 2012) que todos los cambios en la consciencia siempre generan modificación de este eje, es decir, siempre está en movimiento y, por lo tanto, a medida que el individuo va transitando por diferentes momentos en su vida, también se van constelando diferentes arquetipos que influyen en la relación del ego - Sí mismo, tanto en la primera como en la segunda mitad de la vida. En este sentido, es importante destacar – entre otros - un movimiento que se da en la conformación y desarrollo psicológico, sobre todo en los primeros inicios de éste, que es el proceso llamado centroversión, que se define como “la tendencia de la totalidad a establecer la unidad de sus partes y a integrar su diferenciación en sistemas unitarios. Esa unidad del todo es mantenida por procesos de compensación que están subordinados a la centroversión” (Sassenfeld, 2012, p. 112). Además, este proceso se encuentra subordinado al Sí mismo y permite una regulación de la totalidad psíquica que puede sistematizar sus componentes permitiendo diversos procesos de diferenciación y que al final se integran en una unidad funcional. Vemos así, que este fenómeno psíquico es clave en el desarrollo del ser humano para alcanzar la integración de la totalidad psíquica, proceso que ocurre durante toda la vida.


Junto a éste se encuentra el automorfismo – otro proceso acuñado por Neumann – que se define como “la tendencia específica y única de cada individuo hacia la realización de Sí mismo” (Sassenfeld, 2012, p. 112) y también, como “la necesidad de actualizar su realidad constitucional e individual al interior del colectivo y, si fuera necesario, también fuera o en contra del colectivo” (Sassenfeld, 2012, p. 112). Esto no sólo nos habla – como señala Jung – que existe un instinto o impulso dentro de nosotros hacia la completitud psicológica (Sassenfeld, 2012), sino también la necesidad y finalidad de una diferenciación en ella, para que ella sea posible.


En dicho proceso, Neumann (Sassenfeld, 2012) postula que el desarrollo de la personalidad ocurre en el desarrollo de distintos estadios que están determinados o activados por arquetipos, y que aparecen relacionados con etapas vitales específicas, que implican vivencias individuales definidas. Es decir, que poseen un carácter objetivo, pero también subjetivo en el desarrollo de la personalidad. De esta forma el mismo autor propone la existencia de tres arquetipos o movimientos arquetípicos, en este desarrollo psíquico que son: Urobórico, Matriarcal y Patriarcal.


Debido a que el tema a comprender es el papel del arquetipo materno en el proceso de individuación de la mujer, me referiré principalmente a características en torno a dicho arquetipo.

Es importante señalar que, en el estadio matriarcal, se evoca en el psiquismo infantil el arquetipo de la gran madre por parte de la cuidadora o madre real de la niña (Sassenfeld, 2012) - que también puede ser evocado por un cuidador que esté disponible para la pequeña. De esta forma, Neumann señala que en este arquetipo, ocurre la construcción de un ego, un Sí mismo unitario y un eje ego-Self apropiado, que dependerá mucho de la calidad de la relación que tenga la niña con dicha figura cuidadora y de cuanto sea ella capaz de evocar dicho arquetipo (Sassenfeld, 2012). Entonces, tal como lo señala Sassenfeld (2012), tanto la constelación del inconsciente colectivo en el arquetipo de la gran madre con un ego naciente, como la evocación de éste, constituyen los primeros pasos psicológicos para permitir la polarización necesaria de los dos extremos del eje ego-Sí mismo, que se dará en la activación del arquetipo siguiente: el patriarcal. Aquí la centroversión – y durante toda la primera mitad de la vida – se enfoca hacia la organización de la psique consciente para transformarla en un órgano ejecutivo (Sassenfeld, 2012), es decir, que el ego se aleje del Sí mismo, del inconsciente y de esta forma se genere y fortalezca como entidad en sí, de una forma completa: como por ejemplo, que sea capaz de integrar el dolor, la frustración y también los aspectos positivos y nutrientes de este arquetipo, para poder transitar al arquetipo siguiente y así, continuar su proceso de diferenciación. Esto, es muy importante para que el proceso evolutivo continúe, ya que para que el desarrollo se extienda, se debe dar un movimiento desde el aspecto positivo nutriente y protector del arquetipo matriarcal al negativo y terrible de él y se produzca un rompimiento o salto al arquetipo siguiente. Es como Neumann lo define a continuación: “nos encontramos, en lo psíquico, siempre de nuevo con que el crecimiento se produce a empujones. Se llega, de momento, a inmovilizaciones […] que son superadas por una nueva fase del desarrollo a través de rupturas” (Sassenfeld, 2012, p. 114).


Y, por último, respecto a la teoría de Neumann, también es importante mencionar el movimiento de la personalización secundaria en todo este proceso, ya que, de este modo, la percepción de la niña sobre quienes la rodean se encuentra influida y sesgada por factores arquetípicos, por ejemplo, respecto a los padres (Sassenfeld, 2012). Esto es la base para el desarrollo psíquico favorable y que veremos a continuación permite la posterior diferenciación de la figura de la madre real – y también de la sociedad patriarcal – necesaria para que la mujer en la primera etapa de su vida logre una integración social de forma más plena. Tal como lo señala Pratt : “una búsqueda del yo en la que la protagonista empieza en la alienación y busca integración en una comunidad humana en la que él o ella puedan desarrollarse más plenamente” (Pratt, 1993, p.284). De este modo, observamos que, el proceso de individuación en la mujer también tiene estrecha relación con el arquetipo materno, ya que ahora, luego de su niñez, en la primera mitad de la vida la joven debe volver a romper de alguna manera con dicho arquetipo al desidentificarse de su aspecto más negativo representado en la vivencia de su propia madre. Al respecto Pratt menciona: “las chicas tienden a desdeñar un arquetipo maternal terriblemente victimizado con el que temen una fusión fatal” (Pratt, 1993, p. 285) y continúa su proceso hacia una búsqueda de un yo social, en la que se hace presente una energía vinculante, si logra diferenciarse también de las normas patriarcales que la limitan, y realiza la búsqueda de una pareja. Es decir, se trata de un proceso de diferenciación respecto del aspecto patriarcal, pero principalmente del aspecto matriarcal, encarnado en la cultura y padres reales por ejemplo. Pratt vuelve a señalar al respecto: “Esto carga a la búsqueda femenina del Eros, tanto heterosexual como lesbiana, con el peligro de que resurjan apegos infantiles o antagonismos adolescentes” (Pratt, 1993, p. 285).


De esta forma, y por lo imprevisible de la vida (Byington, 2006) la joven lograría activar en ella una cuarta posición arquetípica de alteridad, propuesta por Byington, que define de la siguiente forma: “la cuarta posición dialéctica del arquetipo de la alteridad, que propicia la relación simétrica del ego y del otro, cada uno incentivado a expresar lo más profundo y verdadero de sí mismo” (Byington, 2006, p. 23). Es así, que se produce un diálogo entre ego y sombra que permite la integración de aspectos más inconscientes a la consciencia y ampliarla. Esto se puede generar gracias a lo que Byington señala “en la interacción cuaternaria de la consciencia con la sombra se pueden reconocer las virtudes y las limitaciones de una y la otra” (Byington, 2006, p.23) de este modo favoreciendo la elaboración simbólica que conlleva la creatividad en sus diversas facetas tales como, el arte, ciencia, religiosidad, amor etc. (Byington, 2006).


Pratt (1993) también menciona, que una vez superado el sometimiento de género - producto de normas patriarcales - y se ha desarrollado una relación con la madre personal a nivel subconsciente la joven, ahora más adulta va avanzando hacia una transformación interna de manera íntima y complementaria con el arquetipo maternal, al respecto señala:


Mientras que en una etapa anterior de la búsqueda social puede haber experimentado una pérdida de identidad o una fusión, sus fronteras personales están ahora suficientemente diferenciadas de las de la madre biológica como para que pueda revitalizarse a través del arquetipo maternal (Pratt, 1993, p. 290).


Esto quizás, lo podríamos relacionar con lo que Byington también señala, sobre una última posición arquetípica, en la que se produce un reencuentro entre el ego y lo más profundo del inconsciente:


La última posición de la elaboración simbólica es la contemplativa, correspondiente al arquetipo de la totalidad. En ella el ego y el Otro se re-aproximan y se desvanecen otra vez en la unidad para que la consciencia vivencie el todo (Byington, 2006, p. 24).


Por último, es importante señalar que el proceso de individuación es el desarrollo sano de una mujer (y hombre), y que se da de forma de espiral se podría decir, es decir es cíclica y muchas veces vuelve a repetir etapas, pero a medida que la mujer vive se pasa por ellas desde una lugar de conocimiento interno y desarrollo distinto y así continúa su integración. No se trata de un proceso lineal y parejo en el tiempo.




Referencias:

· Byington, C., Saiz, M., Galiás, I., Duarte Sampaio, S., de Souza, N., Amézaga, P., Ancona, A., Porto, R., Palomo, V., da Silveira, D., Himiob, G. (2006). Psicopatología psicodinámica simbólico-arquetípica (Tomo I). Prensa Médica Latinoamericana: Montevideo


· Downing, C. (1993). Espejos del yo. Pratt A. Capítulo La Heroína. Editorial Kairós: Barcelona

· Jung, C. G. (2013). Tipos psicológicos OC vol. 6. Editorial Trotta. Madrid


· Sassenfeld, A. (2012). El desarrollo humano en la psicología junguiana. Teoría e implicancias clínicas. Editorial Académica Española



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